Ikaruga (NSW)

NSW, 360, PC

Imagen de Ikaruga (NSW)

Ikaruga: Análisis para Switch

Nota Meri 8 Muy Bueno

Usuarios

Tu Nota Puntua!

Por más que cada cual pueda tener un ranking personal con sus shoot em up favoritos de siempre, hay títulos en este género que han alcanzado el escalón de mito por aclamación. Además, si dejamos de lado los clásicos más añejos, lo cierto es que existen títulos mucho más recientes que han cambiado por completo toda la mitología de este tipo de juegos. Este es el caso de Ikaruga, una monstruosidad que ya a su salida tomaba al asalto el panteón del género, aunque erraba el tiro por completo en cuanto al momento y a la máquina. El heredero espiritual de Radiant Silvergun fue un proyecto que ahora catalogaríamos como poco más que un indie, desarrollado por un equipo reducidísimo para la recreativa Sega Naomi y luego para Dreamcast, pero ha terminado por convertirse en un juego de culto con todas las letras. Su llegada a Switch viene, por tanto, a completar una oferta que empieza a ser sobresaliente dentro del género de las navecitas que, como ya sabemos, se adapta como pocos a la consola híbrida.

 

Hay que plantearse, antes que nada, si los años que han pasado desde 2001 han sentado bien o mal a un juego con una personalidad tan acusada. La respuesta no se hace esperar más de unas cuantas partidas con la nueva versión. Lo que era una obra maestra en su día aún se muestra capaz de competir, o incluso de superar, a lo mejor que el género nos ha dado últimamente. No es tontería, ya que estamos en un momento muy bueno en este tipo de juegos (Super Hydorah, DariusBurst Chronicles, Sine Mora EX, Pawarumi, Steredenn), pero la conclusión que sacará cualquiera que lo juegue ahora es que Ikaruga aún destacaría con claridad si saliese al mercado hoy día. Un paseo rápido por el primer nivel basta para susurrar al oído la buena nueva a quienes ya conozcan el juego: lo que hizo grande a Ikaruga sigue aún a la vanguardia de su género.

Vigente desde la primera partida

Nada mejor que fijarnos en los primeros minutos para confirmar el prodigio. Las andanadas iniciales nos recuerdan cómo influyen en el juego las dos polaridades, azul y roja, homenajeadas hasta la saciedad a estas alturas (desde el sensacional Outland a alguna referencia allá por el último God of War). También nos recuerdan las primeras vidas perdidas que las cosas van a ser difíciles hasta decir basta, porque en eso también es leyenda Ikaruga. Cuando recordamos que esto va de esquivar las balas de diferente color y comernos las de nuestra polaridad actual al estilo Pac-Man, el jefe del primer nivel nos enseña que vamos a poder afrontar casi todas las situaciones extremas según la aproximación que más nos guste: absorber y contraatacar con la polaridad opuesta o, simplemente, esquivar y sobrevivir como podamos a base de memorizar patrones y niveles. Cinco niveles de diseño demencial, cada uno con sus mecánicas que llegan incluso a las de una especie de juego rítmico en los últimos momentos, o a ideas tan rompedoras entonces como la de un jefe final al que no podemos disparar. Superar el juego sin continuar no está desde luego al alcance de todos… pero no es imposible. Es cuestión de práctica, memorización de niveles y cientos de intentos.

Ikaruga se ha convertido por méritos propios en la leyenda que ahora es, a pesar de un historial bastante lamentable de lanzamientos en Europa. No llegamos ni a oler la versión para Dreamcast, que no salió de Japón, y para colmo fuimos maldecidos con una conversión para GameCube que nos llegó limitada a 50hz en pleno 2003 -en lo que fue una de las mayores vergüenzas del sistema en territorio europeo-. Hubo que esperar a unas versiones para Xbox 360 y Steam que repararon el daño, y de ellas bebe directamente la que ahora aparece en la e-shop de Nintendo, que funciona con la fluidez y solvencia que esperamos. Es cierto que Ikaruga y Switch forman un binomio al que todo le viene de cara; una fusión tan lógica que es complicado hacerla descarrilar. Sabiéndolo, en Nicalis no se han metido en líos, y la nueva versión no es mucho más que lo mismo que ahora tenemos en Steam, lo cual son muy buenas noticias para la consola híbrida.

 ikaruga_6.jpg Captura de pantalla

Una versión definitiva

Switch e Ikaruga se gustan, se respetan, y se sacan partido mutuo. La vibración 3D que tanto sorprendía al comienzo del ciclo vital de la consola se ha utilizado aquí con bastante acierto, pero en realidad son las demás características propias del sistema las que hacen que el maridaje funcione tan bien como lo hace. La posibilidad de rotar la pantalla está mandada y es un añadido importante para Switch, pero no vienen por aquí las mejores sensaciones, sino más bien por la parte del control, muy versátil. Ya sea en modo portátil o en el televisor, la posibilidad de partidas en cooperativo con un Joy-Con por jugador proporciona un extra muy especial que se adueña de todo el conjunto. Seguramente son pocos los que van a rotar su televisor para jugarlo en vertical, y no es tampoco una opción que nos haya parecido imprescindible en modo portátil. Por el contrario, esta posibilidad de jugar en cooperativo de inmediato usando Joy-Con separados es la característica de más peso que nos deja esta versión, ya que el control no se resiente para nada esta vez, como sucede en otros juegos. La portabilidad hace lo demás.

 ikaruga3.jpg Captura de pantalla

Desde las versiones más recientes, Ikaruga se ha modernizado con algunas posibilidades online que amplían el espectro del original para Naomi y Dreamcast. Tanto para quien pretenda emular esas barbaridades dual play de los jugadores asiáticos como para los que tengan objetivos más modestos, la nueva versión trae la experiencia definitiva. Galerías, rankings online si jugamos sin continuar, grabación de repeticiones, entrenamientos para conocer a fondo los cinco niveles o el modo prototipo (descartado durante el desarrollo original), garantizan diversión para rato. Son buenos añadidos, pero no nos engañemos: casi todo se fía a la sensacional materia prima de Ikaruga. Un título que bien puede ser el shoot em up vertical más innovador que el género contempló nunca, imitado hasta la saciedad y con herederos recientes tan bien diseñados como Pawarumi. Viene que ni pintada la visita de Ikaruga a Switch para plantearse si esos homenajes han conseguido capturar la esencia, el espíritu de un juego dominado de arriba abajo por esa idea fácil de entender pero desarrollada hasta sus últimas consecuencias, en torno a dos colores que lo cambiaron todo.

ikaruga5.jpg Captura de pantalla

 

 

 

 

Conclusión

Ikaruga, convertido ya en uno de los grandes shoot em up de la historia del género, era una apuesta segura para Nintendo Switch, consola que termina por recibir la versión más completa de todas. Las posibilidades del sistema en cuanto a multijugador, portabilidad y rotación, así como su enorme rejugabilidad -totalmente vigente 17 años después-, son motivos más que sobrados para dar otra oportunidad a este juego de dificultad más fascinante que desesperante. Aunque, eso sí, no lleve grandes novedades para quienes lo hayan disfrutado en cualquiera de las anteriores ediciones publicadas estos años.

Lo Mejor

  • Completamente vigente a todos los niveles
  • Extremadamente difícil, pero cada vez se consigue llegar más lejos.
  • Le sienta de maravilla el sistema

Lo Peor

  • Un modo intermedio entre el fácil y el normal habría estado bien
  • Los tiempos de espera al subir puntuaciones fastidian en un juego tan rápido
  • Sin apenas novedades para quienes lo hayan disfrutado en el pasado
8
Muy Bueno

Juego de notable acabado que disfrutaremos y recordaremos. Una buena compra, muy recomendable para amantes del género. Está bien cuidado a todos los niveles.

1997-2018 © MeriStation, All Rights Reserved

Webs de PRISA

cerrar ventana