Spec Ops: The Line (PS3)

PS3, 360, PC

Imagen de Spec Ops: The Line (PS3)

Ideología política y videojuegos

Actualidad

La política en videojuegos

La celebración de la Constitución es una de las poca fiestas españolas directamente relacionadas con un acontecimiento político. Parece una buena excusa para sacar a colación un tema importante: la relación entre los videojuegos y la política. Una relación de la que subyace la necesaria convicción de que es imposible narrar sin ideología. Es decir, incluso cuando el contador de historias trata de alejar la conciencia política todo lo posible de su discurso, todo acontecimiento necesita estar contextualizado en ciertas convicciones morales, éticas, sociales, y en último término ideológicas. Por tanto, es imposible alejar la política en videojuegos, como lo es alejarla en cualquier relato.

Un buen lugar por el que comenzar es por los los juegos bélicos: Call of Duty, por ejemplo, es una saga obsesionada con los grandes públicos, por ende, y a pesar de apelar a conflictos históricos, intenta alejarse del discurso político explícito en su obra. Call of Duty WWII es un buen ejemplo: un juego en la Segunda Guerra Mundial, que fundamentalmente se centra en las relaciones personales de personajes y no en el conflicto. Pese a ello, el rastro ideológico en Call of Duty, muy relacionado con los valores normativos en norteamérica, se hace muy evidente al comparar con juegos como Specs Ops: The Line. La visión sobre el conflicto armado en Call of Duty es una historia de héroes, mientras que Specs Ops: The Line se hizo famoso por mostrar la cara más descarnada de la guerra. La que muchas veces nadie quiere mirar.

spec_ops_the_line.jpg Captura de pantalla

Entre lo implícito y lo textual

Sin embargo, al pensar en política y videojuegos, hay casos mucho más explícitos que estos. Juegos que, lejos de intentar alejar cualquier discurso ideológico con más o menos éxito, toman conciencia política y tratan de aportar argumento sobre temas de discusión. Pensando en lo bélico, This War of Mine es el clásico: nos quita el fusil de las manos para vivir la guerra como ciudadanos. Tras cada paso la moral del jugador se acongoja, y la gente de 11 bit studios jamás escondió la intencionalidad en su obra. En esta línea, hace muy poco en Steam se estrenó un pequeñísimo juego indie y free-to-play llamado Path Out. Un juego que no es descabellado denominar como videojuego protesta, ya que la única intención de su autor, Abdullah Karam, es justamente mostrar al mundo el camino que sigue un refugiado sirio. Se hace difícil obviar en esta ecuación a Lucas Pope, escapado de la industria triple A (trabajaba en Naughty Dog), su primer juego es Papers Please, una obra sobre la burocracia de regímenes autoritarios. Posiblemente, en este recorrido, merezca  mención como pionero Lorne Lanning y su Oddworld. Anticapitalista confeso, Lanning narra entre metáforas el alzamiento de un grupo de obreros en una fábrica en su obra de ciencia ficción. Hablamos de un juego de 1997, cuando casi nadie discutía que esto de los videojuegos era “cosas de chavales”.

lorne_lanning.jpg Captura de pantalla

Pero, sin duda, hay dos grandes sagas de renombre que giran en torno a temas ideológicos como pivote central: la primera de ellas es Bioshock y la segunda Metal Gear Solid. El primer Bioshock, el más interesante, retoma el hilo narrativo del discurso cientifista que culminó a principios de siglo en la burocracia del Holocausto, y decide llevarlo de nuevo a sus últimas consecuencias eugenésicas en Rapture. En torno a Bioshock, y desde un punto de vista reflexivo sobre la obra, el historiador Alberto Venegas se ha embarcado en un libro con Heroes de Papel titulado Bioshock y el alma de Estados Unidos, que posiblemente se convierta en una obra muy relevante. La otra gran saga es Metal Gear Solid: Kojima toca muchas teclas a lo largo de varios juegos, con la obsesión antibélica en cada uno de ellos. Sin embargo, la investigación “«Luchamos porque somos necesarios», la franquicia Metal Gear y la privatización de las fuerzas armadas” logra llegar varios pasos más allá. Federico Peñate Domínguez, investigador de la Universidad Complutense de Madrid, cuenta con varias publicaciones en las que profundiza sobre el discurso para con ejércitos privados a lo largo de la obra del ex-Konami. Posiblemente, una lectura imprescindible para cualquier fan de Metal Gear.

this_war_of_mine.jpg Captura de pantalla

La participación política en la narrativa emergente

En el culmen de la relación entre política y videojuegos, sin embargo, no se encuentran las obras de narrativa lineal, sino los universos orgánicos donde los jugadores hacen la política. MMO como EVE Online son famosos por sus alianzas y enfrentamientos, dictados y gestionados por los jugadores. En los últimos tiempos, Elite Dangerous también se ha apropiado de esta fórmula, dejando margen a los jugadores para entrar en debates profundos e ideológicos sobre el curso del universo del título de Frontier Developments.

Un par de ejemplos sólo para determinar que la relación entre videojuegos y política es más estrecha de lo que puede aparentar a simple vista, y lo más importante, está presente lanzamiento a lanzamiento de una forma más o menos velada. Todo ello depende, en primer lugar, del interés del que juega por llegar a esa lectura.

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