Nintendo Labo Día 2: Yo, robot

Minireport

Nintendo Labo Día 2: Yo, robot Captura de pantalla

Nintendo Labo Día 2: Yo, robot

Una de las aficiones que tienen todos los niños y niñas de temprana edad son los disfraces (algunos, de adultos, no pierden dicho hobby).  El juego simbólico, tan importante en el desarrollo de los más pequeños, también pasa por recrear esos constantes cambios entre lo real y lo imaginario mediante estos vestidos. Es más fácil creerse un vendedor con una caja registradora de juguete y es más fácil ser un bombero-perro con el disfraz de Marshall de la Patrulla Canina que sin ellos. Por eso, cuando en casa se propuso que hoy -por ayer- tocaba crear un ‘disfraz’ de robot, se captó la atención rápido de Berta (cuatro años).

img_9161.jpg Captura de pantalla

El Kit Robot de Nintendo Labo está enfocado a los seis años, aunque no se especifica si se refieren al proceso de montaje o al juego en sí. De todas maneras, en ambos casos es difícil imaginar un niño o niña de esa edad montando y jugando solo al dispositivo, dada su complejidad tanto por la gran cantidad de piezas (unas 20 láminas con todo tipo de partes por arrancar, moldear y encajar) y de accesorios (cuerdas, pegatinas, piezas de plástico y otras), como también por el largo proceso de desarrollo: más de cuatro horas.  

Es primera hora de la mañana y ya desayunados. Berta está especialmente activa tanto porque se ha levantado hace poco como por el hecho de que vamos a montar un robot. Qué digo, un ROBOT. Suena bastante más épico que un piano o una moto, para qué engañarnos. El hecho de que el otro día estuviéramos varias horas con los otros montajes también ha generado un clima de confianza bidireccional: ella es mucho más decidida doblando partes de las piezas y quitando los trozos que no sirven y nosotros, los adultos, no estamos tan pendientes de que no “rompa” nada. De hecho, si algo hemos aprendido en 10 horas montando cartones es que están hechos para no equivocarte y para doblarlos sin miedo. 

img_5218.jpg Captura de pantalla

La primera parte del Robot Toy-Con es el visor. Berta dobla y participa en el encaje de varias partes. Aunque puede parecer sensible, es una pieza bastante bien reforzada a la que le añadimos una cinta para poder adaptarla a todas las cabezas, sea la nuestra o la de la pequeña. A pesar de su sencillez, es suficiente para captar la atención de las dos pequeñas -Clara tiene dos años- por el mero hecho que comentábamos al principio: coronas de princesas, cascos de bomberos o capuchas de perro están a la orden del día en casa. El montaje sigue con las cajas de fuerza, unas piezas que rellenaremos de cartones -cómo no- para que cuando hagamos movimientos con las extremidades del robot, éstas tengan contrapeso y se puedan ver a través del joy-con.

El sistema es similar al del piano. Unas pegatinas enganchadas en los pesos permiten que, cuando activamos el movimiento, el mando lo detecte y lo envíe a lo que sucede en pantalla. Los pesos se hacen relativamente rápidos a cuatro manos y las dobleces que exigen son ideales para “encargar” tareas a la pequeña mientras nuestro es el papel de colocar los primeros hilos por donde estiraremos los controles o las pegatinas (de nuevo tan importantes como limitadas, mejor no extraviar ninguna).

img_6959.jpg Captura de pantalla

Cuando empezamos a crear la caja que cargararemos a nuestras espaldas vemos que el diseño es de envergadura. No hay que temer ni por los hilos, ni por las cintas ni las correas. Todo está perfectamente explicado en los tutoriales y el paso a paso, a veces incluso excesivo de lo minucioso que es, impide que te pierdas salvo que no prestes atención. Una vez tenemos la estructura montada tal vez toca hacer la caja guía por donde irán las poleas con los pesos. Nada complicado y todo perfectamente encajado al milímetro. Aquí ya han pasado casi tres horas, y Berta está lejos de prestar atención. Seguimos los adultos trabajando en ello.

Los brazos y piernas del robot funcionan de la misma manera: pequeñas piezas de cartón con los hilos bien clavados para que la mecánica a la hora de jugar sea correcta. Dichos hilos se pueden regular como queramos, de tal manera que tanto un adulto como un niño que no llega al metro treinta pueden jugar con el mismo dispositivo: solo hace falta regularlos, como también la cinta de los pies para que queden bien pegadas al tamaño que toque en cada momento. Solo quedará hacer la cubierta, y tras varias visitas a la mesa de la pequeña preguntando si queda mucho (no, esta clásica pregunta de película cuando una familia va en coche no es fantasía, existe y es persistente), damos por terminado el montaje. 

img_8697.jpg Captura de pantalla

Un gran robot... Sin retos 

Solo faltan dos detalles: el primero, ajustarlo a quién quiera debutar como Robot. Es importante que queden los hilos tensos, de tal manera que cada paso o movimiento con los brazos exija movimiento del mecanismo en cuestión. El segundo, colocar los joy-con en su lugar. El mando izquierdo se coloca en el visor. Desde este mando podremos controlar el menú del juego y servirá para guiar nuestra mirada en la pantalla. Con tan solo girar la cabeza, giraremos la dirección que deseemos. El otro, el derecho, va a la parte posterior de la caja del robot y servirá para captar los movimientos que hagamos con las poleas.

img_7420.jpg Captura de pantalla

Berta es la primera -solo faltaría- en probar suerte. No es complicado ajustarlo a un tamaño pequeño como el suyo, pero es cierto que tal vez la caja pese un poco. Al menos de eso se queja. Una vez todo está listo, la sensación es la misma que te dejaba el día que probabas Wii: esa sencillez mezclada con incredulidad, sobre todo a ojos de la pequeña. Ante sí, una visión en primera persona en el televisor y la certeza que si da un golpe con el brazo derecho, eso sucede en pantalla. Y con el izquierdo. Incluso patadas en el suelo. Le cuesta entender el giro con la cabeza y al principio apenas mueve el robot de su posición, ya que el sistema de pasos tampoco parece el más ágil de todos. Pero a los pocos minutos todo esto mejora.

El robot puede cargar ataques y lanzarlos, puede volar si estiramos los brazos hacia abajo (y en el aire puede moverse solo inclinando el cuerpo, algo que habría estado bien añadir cuando estamos en el suelo) y también transformarse en un vehículo tipo tanque si doblamos las rodillas. Más adelante descubrimos que si el visor lo ponemos mirando hacia arriba, pasamos a ver el robot en tercera persona, una experiencia tal vez menos inmersiva pero más controlable.

img_1472.jpg Captura de pantalla

El peso de la caja hace mella y la pequeña prefiere descansar. En ese momento probamos nosotros. El sistema funciona bastante bien -sigue sin convencernos el sistema de pasos-golpes para avanzar- y es entretenido. Pero como nosotros no solo queremos disfrazarnos de robot, sino hacer alguna cosa más, profundizamos en las opciones jugables. Ahí el Kit no da el paso esperado.

Por un lado tenemos un mapa abierto con ovnis, edificios y vehículos y nuestro objetivo es destrozarlo todo durante el tiempo limitado (cinco minutos). Por el otro, tenemos una serie de desafíos (tres por cada habilidad con distintas oleadas en cada una de las áreas) que nos desbloquean nuevos ataques, como una patada, un ataque rayo o un golpe cargado. Estos ataques nos permiten luego conseguir mejores tiempos en el mapa abierto de destrucción. Y ahí acaba la experiencia jugable, complementada eso sí con un modo versus si tenemos algún amigo con otro Kit Robot -no hay combates con IA alguna, o no hemos dado con ella- y un contador de las calorías que gastamos jugando a este pack. 

La sensación es la de artilugio desaprovechado. Es divertido de montar, está muy bien pensado su uso con las poleas para tener cuatro movimientos con solo dos joy-cons y la respuesta es satisfactoria. Pero sabe a poco y no invita demasiado a cargar con él durante largas sesiones. Un minijuego de combate contra la CPU y algún escenario con objetivos variados y tareas a realizar -no pedimos un juego al uso, pero uno piensa en un Battle Quest de Nintendo Land en forma de mechas y no lo ve nada descabellado- habrían sido mucho más atractivos. Entre otras cosas porque estamos hablando de un pack por separado y que se centra en este dispositivo a diferencia del Kit Variado. Los minijuegos no acaban estando a la altura ni del montaje ni del sistema en sí.

img_0467.jpg Captura de pantalla

A nivel de personalización e inventiva, destaca el hecho de poder hacer unos tornillos para cambiar el color, brillo y otros elementos estéticos del robot que vemos en pantalla. También tenemos la opción de cambiar los sonidos de los golpes. Entre todas estas explicaciones, Berta todavía jugará dos ratos más con el Kit, el segundo mejorando tanto el control del robot como empezando a trastear con el sistema de vehículos y de vuelo. En total han sido unas seis horas entre montaje y juego. Si sumaremos más a éstas dependerá de ella. Destruir por destruir como Robot puede gustarle -destruir, en general, gusta- pero seguiremos echando en falta algo que explote un diseño que merece más recorrido una vez equipado. A todo esto, tanto el Antenauta como el Piano volvieron a usarse en casa para jugar durante un buen rato. Veremos la casa y la caña de pescar como encajan.

Lo mejor

  • El proceso de creación es largo, variado y divertido
  • Perfectamente adaptable a todo tipo de jugadores
  • De nuevo, los tutoriales precisos y claros
  • Buena respuesta y variedad de acciones a realizar

Lo peor

  • El sistema de avance del robot podría ser más ágil
  • Decepcionante en juegos y retos a realizar con el dispositivo, por debajo de sus posibilidades, y más siendo un Kit centrado solo en este proyecto

Comentarios

1997-2018 © MeriStation, All Rights Reserved

Webs de PRISA

cerrar ventana