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Starcraft: Remaster del maestro

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| OSX PC - Minireport |

En una inesperada sacudida nostálgica a nuestra infancia y adolescencia, Blizzard anunciaba el remaster de una de sus franquicias que mayor reconocimiento le ha dado y una de las responsables de ser el gigante que es hoy: Starcraft. Dos décadas después del original, nos encontramos dispuestos a revivir la historia del surgimiento de la Reina de Espadas, de su amor imposible con Raynor y del regreso de Zeratul del exilio. Un lavado de cara a uno de los juegos referencia en el segmento de la estrategia en tiempo real y un icono para casi toda una generación. 

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Starcraft: el remaster del maestro

Hace escasos días y casi por sorpresa, la compañía californiana Blizzard Entertainment daba a conocer “Starcraft Remastered” y su inminente salida para verano de este 2017. Casi 20 años después del lanzamiento del original y tras la entrega en 3 actos de Starcraft 2 que empezó en 2010 con Wings of Liberty y acabó en 2015 con Legacy of the Void, no son pocas las ilusionadas y nostálgicas voces que se han pronunciado a favor del anuncio; otras, que temen que este remaster rediseñe y estropee una jugabilidad para muchos perfecta (como pasó con Homeworld), han expresado sus dudas acerca de la necesidad del proyecto. En definitiva, si no está roto, no lo arregles. Y algo de razón, en ese sentido, no les falta. Y es que Starcraft es, aún a día de hoy, uno de los juegos que mejor ha envejecido en el mundo del PC y, probablemente, de todos los sistemas existentes. Meterle mano no es poca cosa, es casi un sacrilegio. Y es que juguetear con la leyenda original de los Terran, Zerg y Protoss... tontear con Raynor, Kerrigan y compañía es algo con lo que incluso la propia Blizzard debe ir con pies de plomo para no violentar a los fans del género en general y del juego en particular.

Posiblemente el lector medio nunca jugó al juego original: 20 años son muchos años y en la industria del videojuego todavía parece un lapso de tiempo mayor. Y es muy probable también que muchos no vivieran el auge y fervor de los juegos de estrategia, ni por turnos ni de la que hoy llamamos “en tiempo real”. Por esa razón las caras extrañadas de muchos adolescentes ante las estanterías con el reciente y notabilísimo Halo Wars 2: “¿Pero estrategia de qué tipo? ¿Como Hearthstone?” No. No como Hearthstone. Estrategia de la de construir una base, recolectar recursos, decidir qué tipo de táctica utilizar en función de si nuestro fuerte es el micromanejo (la habilidad para controlar unidades individuales o en pequeños grupos sacando todo su partido) o el macromanejo (el enfoque global de un ejército y la coordinación de sus tropas). Ese tipo de estrategia que tantas y tantas horas nos tuvieron ante el PC y que, muy probablemente, reviviremos con el inminente Dawn of War 3. Puede que para muchos resulte un concepto arcaico pero también lo es el de Tetris y ahí sigue, inmortal hasta el fin de los días. Y qué mejor síntoma de encontrarse ante un buen juego cuando tantos años después se le sigue queriendo tanto.

StarCraft Remastered (PC) Captura de pantalla

Como casi todo en Blizzard, Starcraft nace de una adaptación de otro título, aunque en este caso de la propia compañía. Presentado como mod de Warcraft 2 en el E3 de 1996, cuando salió en marzo de 1998 de la mano de Chris Metzen y James Phinney se convirtió rápidamente en el juego más vendido del año. No solamente gozaba de unos fundamentos mecánicos sólidos sino que además se le había dotado de una campaña narrativamente muy bien llevada. La popularidad del juego subió como la espuma y en noviembre de ese mismo 1998 salía Brood War, su considerada como única expansión oficial a tener en cuenta, que añadía mayor profundidad a su jugabilidad y establecía la base de lo que sería el deporte competitivo que cautivaría a tantísima gente en todo el mundo, pero en especial en Corea. Tanto fue su impacto que se consideró un nuevo estándar en el género, una nueva vara de medir contra la que se estrellaron decenas de aspirantes durante finales de los 90 y toda la década del 2000. Hubo excepciones muy notables, desde luego, pero ninguna consiguió desbancar al rey.

La expresión “deporte electrónico” o e-sport, que día a día se arraiga con más fuerza dentro del conocimiento colectivo de jugadores y ajenos al videojuego, tomó forma por primera vez para muchos con Starcraft. Fue de los primeros juegos con los que alguien podía labrarse una vida jugando o, mejor adecuado a la realidad de aquel entonces, ganando. Quake 3 o Counter Strike llegarían poco después y tendrían más calado en la escena competitiva occidental, pero todo el mundo escuchaba con asombro las historias de las partidas de Starcraft retransmitidas por la televisión nacional, con una liga profesional y con los jugadores venerados dentro y fuera del pequeño nicho de los videojuegos. Para muchos, Starcraft fue el punto de partida, la posibilidad plausible de que un mundo en el que los videojuegos fueran una carrera laboral que perseguir fuera real. Hoy, con CS:GO, League of Legends, DOTA, HearthStone, Fifa e incluso con juegos de móvil como Clash Royale, nadie pone en duda el potencial real a la hora de profesionalizar un videojuego. La explosión de las plataformas de streaming ha ayudado a proporcionar métodos de financiarlo, no cabe duda, pero para todo siempre ha habido pioneros y sería muy injusto no reconocer este mérito al título de Blizzard.

StarCraft Remastered (PC) Captura de pantalla

Su equilibrio de las tres razas basado en el clásico sistema de piedra-papel-tijera no supuso una reinvención del género, pero no puede negarse que es una fórmula que funciona a la perfección en Starcraft y en Brood War. No importa el nivel del jugador: tanto en la campaña principal como en el competitivo a todos los niveles, puede observarse el esfuerzo que hace el juego por presentar diversas estrategias viables y las distintas aproximaciones hacia el objetivo de conquistar la base enemiga. La tensión constante, la necesidad de mantener la concentración a tope durante toda la partida y la sensación de satisfacción al conseguir desarrollar la estrategia propia por encima de la de nuestro oponente forman parte tan intrínseca del juego que es comprensible como algunos llegaron a desarrollar auténtica adicción al multijugador de Starcraft. Es el equivalente a una partida de ajedrez en la que, además, interviene nuestra propia habilidad y reflejos con el teclado y el ratón.

Uno de los únicos “pero” que la gente ha puesto el lavado de cara 4K que Blizzard quiere hacerle a su título franquicia es, precisamente, ante la posibilidad de que este upgrade-remaster altere de alguna manera las mecánicas clásicas que hicieron famoso al juego. En otras ocasiones, como antes mencionamos Homeworld, el cambio gráfico supuso un detrimento de la jugabilidad original; al parecer aquí se quiere hacer mucho hincapié en este aspecto: estamos ante una mejora gráfica pura y dura, una mejora en los efectos de sonido (lo que ha venido a llamarse un “rejuvenecimiento” auditivo) y una adaptación del lobby y estructura multijugador a los tiempos modernos. En definitiva, vitaminar su aspecto visual y sonoro pero manteniendo el motor original y adecuar su battle.net a lo que tenemos hoy en día. Tal vez puedan parecer objetivos humildes pero si se quiere un juego basado en el universo de Starcraft y que sea distinto, para eso ya está Starcraft 2.

StarCraft Remastered (PC) Captura de pantalla

No es difícil imaginar el público al que va dirigido el juego; por un lado, todos aquellos que ya están jugando a Starcraft y Brood War hoy en día. Si finalmente las mecánicas y las fórmulas siguen siendo las mismas, no hay ninguna razón por la cual seguir con el original de hace 20 años; falta saber cómo se compatibilizarán ambos a todos los niveles, porque no sería una gran idea segmentar un mercado que de por sí ya es bastante nicho. Por otro lado, el efecto nostalgia de los que hace bastante que no tocamos el original pero en su momento lo jugamos mucho… muy posiblemente haga mella en nuestro yo más joven y acabemos volviendo a pasar por el aro. Y por último, por qué no, a todos aquellos curiosos de saber cómo empezó todo. Starcraft Brood War es una clase de historia viva, un videojuego atemporal que nos enseña que cuando las cosas se hacen bien no importa los años que pasen. Puede ser que Blizzard le quiera dar un lavado de cara pero el hecho de la cantidad de gente que lo juega aún hoy y que lo guarda tan profundamente en su corazón de videojugador es lo que realmente le hace justicia.

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